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Roel Guajardo Cantú

Epicentro Informativo / 05, abril, 2023

En su libro “Tiempo de magos”, Wolfram Eilenberger, nos señala que según Ernst Cassirer, el hombre es “un animal symbolicum. Un ser que, en otras palabras, se da a sí mismo y da a su mundo un sentido, un sostén y una orientación por medio de los signos”, siendo el lenguaje el principal sistema de ellos.

De ahí que no sea extraño que al cambiar la realidad, y con ella los valores, lo haga también el lenguaje. Hasta hace poco, por poner un ejemplo, la Semana Santa, nos remitía a un mundo de reflexión religiosa, de valores trascendentales, de la forma en que la muerte de Jesús logra reconciliar, religar, al hombre con Dios, mientras que hoy hablar de las vacaciones de primavera nos lleva a pensar en un periodo de descanso y de fiesta.

Tiempos distintos, realidades diferentes y, también, valores distintos.

No abogamos por volver a tiempos idos, pero si por recuperar lo bueno para intentar construir un nuevo sistema de valores acorde a la realidad en la que actualmente vivimos.

Pensemos en la búsqueda de una serie de valores seculares o no, laicos o no, que nos permitan construir un tejido social distinto al que existía hace medio siglo, pero también distinto al que se presenta en algunos espacios de la vida nacional, como resulta en el caso de lo que se ha dado en llamar, la cultura del narcotráfico.

Al analizar esa cultura podemos observar valores que la trascienden y pueden alcanzar hasta carta de naturalización en una gran parte de la sociedad, como por ejemplo, entender el éxito como la acumulación de poder y dinero por encima de todo y utilizando cualquier medio, lo cual se resume en el lema “lo que sea necesario”.

Aunque nos asombre, es una cultura que ha producido unos determinados valores que se reflejan en la carta de un joven dirigida a su confesor y que reproduce Roberto Saviano en su libro “Gomorra”.

En ella el joven, que acepta que todos sus conocidos o han muerto o están en la cárcel, asegura que quiere ser un “Boss”, un jefe mafioso, pero no se queda ahí sino que continúa “quiero tener supermercados, tiendas, fábricas, quiero tener mujeres. Quiero tres coches, quiero que cuando entro en una tienda se me respete, quiero tener almacenes en todo el mundo. Y después quiero morir. Pero como muere un boss auténtico, uno que manda de verdad. Quiero que me maten”.

Es toda una declaración de los valores que guían a ese joven, el juego se trata de morir rico, el que muera más rico gana.

Pero es también una declaración de su sentido de la vida, porque se trata de morir joven, de incluir la muerte en el contexto de su vida, “más vale unos cuantos años a todo lujo que una larga vida de pobreza”.

Y no, no es que no haya valores en esa visión del mundo, es solo que desde nuestra perspectiva son valores que no abonan a una sana relación social, a una vida en la cual la convivencia no se convierta en una lucha de todos contra todos; por eso debemos de fortalecer una cultura de valores que nos permita evitar lo que señala Jaques Rogozinski en el sentido de que la sociedad ofrece una especie de impunidad a aquellos que alcanzan éxito de algún tipo, aun rompiendo las reglas de convivencia.

Por nuestra parte, hemos insistido en varias ocasiones, y así lo planteamos en nuestros libros “El problema es de valores” y “Las drogas. Un problema de todos”, en la necesidad de buscar un nuevo tejido social que responda a las también nuevas realidades que hoy vivimos.

No podemos, para decirlo en breve, poner “vino nuevo en odres viejos”, tenemos la obligación como sociedad de encontrar los valores que hoy nos permitan construir una sociedad más fuerte, más segura, más inclusiva, más equitativa y en la cual sus miembros sean tratados como iguales.

Reconocemos que es un objetivo que no se puede alcanzar de un día para otro, pero si no se trabaja en esa dirección, tememos que la descomposición social avance.

Insistimos, no se trata de volver a un pasado idílico que quizá no haya existido para todos, o que sea recordado con nostalgia y edulcorado por el paso del tiempo. De lo que se trata es de construir una sociedad con unos valores para el aquí y el ahora.

La Semana Santa, o Semana Mayor, la última semana de la cuaresma que el mundo católico estamos viviendo, conmemorando y recordando la pasión, muerte y resurrección de Jesús, es el tiempo más apropiado para reflexionar sobre las acciones que hemos efectuado y los cambios que debemos de realizar.

Por lo pronto, deseamos que estos días de descanso sirvan para reflexionar acerca de estos temas.

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Un comentario en «Semana Santa, reflexión y valores»

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