Raúl Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 20, julio, 2023
Según un diario de la localidad, la Universidad Autónoma de Nuevo León realizó un estudio en el cual se liga la muertes de 471 personas cada año a la contaminación generada por la refinería de Pemex ubicada en Cadereyta.
Según el estudio, el 30 por ciento de la concentración de partículas PM2.5 y PM10, en el estudio se analizó el efecto que sobre la contaminación en el área metropolitana de Monterrey tuvo el cierre durante 6 días de la refinería.
Aunque no se detalla todo el estudio, de ser tan tajantes los resultados estaríamos ante una verdadera amenaza para todos quienes respiramos el aire contaminado.
No es por cierto, algo que sea nuevo para los regiomontanos, en otras ocasiones se ha establecido una relación más o menos directa entre la contaminación ambiental y las muertes por la forma en que las enfermedades respiratorias se agravan debido a ella.
Inclusive las autoridades estatales han señalado en más de una ocasión que analizan la posibilidad de tomar medidas contra la refinería, debido a que la gasolina que de ahí sale para su venta y consumo en la entidad es de menor calidad que la que se utiliza en otros estados.
Episodios como el que recientemente vivimos en Monterrey y su área metropolitana, en el cual una fuga de azufre hizo que todo el cielo regiomontano se pintara de amarillo y fétidos olores inundaran el ambiente, nos indican que, independientemente de lo que día tras día respiramos, estamos expuestos a que en cualquier momento ocurran accidentes que agraven la situación.
Es cierto que la refinería no es la única fuente contaminante en la localidad, también las pedreras contribuyen a esa contaminación y otras fábricas lo mismo.
Además, los vehículos que, independientemente de sus condiciones, enfrentan una movilidad cada vez más difícil por el exceso de autos y las calles que ya no se corresponden al parque vehicular, constituyen una fuente también importante de contaminación.
Es momento de que las autoridades tomen el toro por los cuernos y se apliquen a combatir el problema con decisión.
De no hacerlo, quizá deba llevarse un registro de las muertes ocasionadas y hacerlo público para que sepamos a qué nos enfrentamos al vivir aquí y en este medio tan contaminado.
No podemos pensar en ser la capital del nearshoring mientras vivamos con un medio ambiente del tercer mundo.
