Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 02, junio, 2023
El miércoles 31 de mayo, Epicentro Informativo publicó la información dada a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval, en el sentido de que si bien disminuyó la pobreza laboral, es decir, el número de personas que ganan menos de lo que cuesta la canasta básica, en realidad aún estamos por debajo del porcentaje de la población que se encontraba en esa condición antes de la pandemia.
Por otra parte, el desempleo apenas alcanza un 3%, según cifras del Inegi, lo que muestra que estamos en un momento que puede considerarse como pleno empleo, pero la pobreza laboral persiste en amplios sectores de la población.
Consideramos necesario subrayar que pese a los datos tan alentadores, poco más del 51% de los trabajadores se encuentran en el sector informal de la economía, por lo cual carecen de prestaciones, seguridad social, sistema de pensiones y obtienen salarios menores a los formales en un 20%.
¿Cómo se puede explicar el hecho de que pese al pleno empleo y que nos encontramos en una disminución de la pobreza laboral, estemos en peores condiciones que antes de la pandemia? Aquí es donde ciertos factores de políticas públicas juegan un papel preponderante para incentivar la inversión externa y la llegada de empresas y capitales extranjeros, sobre todo ahora que la pandemia y otros elementos mostraron a las empresas la necesidad de crear tramos más cortos en las cadenas de suministros, lo que ha traído consigo el llamado nearshoring o relocalización de plantas y mega factorías.
Independientemente de la necesidad de establecer ciertas políticas públicas que incentiven la llegada de empresas preferentemente de alta tecnología, porque son aquellas que por el momento pagan los mejores salarios, resulta imprescindible que exista una masa crítica de trabajadores altamente capacitados que puedan satisfacer la demanda de esas empresas. Aquí la educación es el factor que manda y detona las inversiones.
Tres de las empresas, Amazon, Louis Vuitton y Tesla, que han hecho a sus propietarios los hombres más ricos del mundo tienen distintos giros, mas la realidad es que las tecnológicas son las que tienen ritmos de crecimiento rápidos e importantes y remuneran mejor a sus empleados por el perfil que requieren, como es el caso de las que son propiedad de Elon Musk, que sin tener un solo negocio de lo que pudiéramos llamar vieja economía, se ha convertido en el hombre más rico del mundo.
Son empresas que no utilizan combustibles fósiles, que son menos agresivas con el medio ambiente y, además, tienen un costo menor para sus propietarios que las empresas de otro tipo.
Insistimos, es necesaria la existencia de cierta infraestructura, entre ellas, la de carácter educativo, para que esas empresas lleguen a México y generen empleos mejor pagados, que propicien el desarrollo de regiones completas y disminuya la pobreza laboral.
Como lo ha señalado Jorge Zepeda Patterson, si hoy se tuviera que tomar ese tipo de decisiones, de dónde instalar esas empresas, Monterrey y su área metropolitana sería la elección inteligente, así como regiones similares en las cuales, como en el Bajío y Guadalajara o EDOMEX, existe ese tipo de infraestructura que no ha sido desarrollada en otros lugares.
Es cierto que actualmente el presidente López Obrador ha intentado de diferentes maneras impulsar regiones como el sureste mexicano, pero no es menos cierto que las empresas requieren insumos, sobre todo en el ámbito del talento humano, que no encuentran allá.
En tanto no se desarrolle un nuevo modelo educativo en todo el país, que tome en cuenta las necesidades futuras, sobre todo en el ámbito tecnológico, las empresas continuarán prefiriendo los mismo sitios o regiones de siempre para instalarse.
Las universidades y las instituciones de formación técnica desempeñan ahora más que nunca una función estratégica para formar el capital humano que demanda la coyuntura y los nuevos tiempos, pero tienen un costo que pagar: Actualizar continuamente su oferta educativa para evitar el desfase de sus egresados con el mundo del trabajo, constituirse en organizaciones ágiles para construir tramos académicos o trayectos técnicos para atender las necesidades inmediatas del mercado y la sociedad, impulsar los cursos cortos y la cultura de las certificaciones nacionales, (CONOCER), e internacionales para evitar la precarización laboral.
