vie. Ene 16th, 2026

Roel Guajardo Cantú

La lucha por la igualdad de género y en contra de la discriminación de la mujer, viene desde el siglo XIX, los primeros movimientos feministas se originan en Europa, Estados Unidos, Nueva Zelanda y México por alcanzar el derecho a expresarse, exigiendo el acceso a la educación, el derecho al voto y al trabajo.

En 1910, en Copenhague, se proclama el Día Internacional de la Mujer y a propuesta de Clara Zetkin, se estableció como fecha el 8 de marzo para celebrar este por primera vez, buscando en definitiva mejoras básicas.

La ONU celebra desde 1975 el día internacional de la mujer y en México, desde hace algunos años, cada 8 de marzo, conocido como 8M, se realiza una marcha que concluye en la Plaza de la Constitución de la CDMX, conocida como El Zócalo. En esta marcha, las mujeres que participan, exigen algo que por elemental, no debería ni siquiera se objeto de demanda: sus derechos.

Para desgracia de un movimiento social que busca la reivindicación de los derechos que las mujeres deberían ejercer sin cortapisas, las marchas, las manifestaciones que se presentan en distintas ciudades del país, se han enfrentado al intento de manoseo y manipulación de unos y al rechazo de otros, dejan de lado todo lo bueno que tiene este despertar de las mujeres.

Ambas posiciones parecen no tener interés en el quid de la cuestión: los derechos de las mujeres.

En el papel, todo parece idílico, se reconocen todos los derechos habidos y por haber para las mujeres, pero en la práctica, en la realidad cotidiana que deben vivir, y en muchos casos sufrir, las mujeres, no existe tal.

No hay que confundir la legislación con la realidad, esa es una forma de pensamiento mágico acerca de la cual escribiera de forma excelente Christopher Hitchens.

Consideramos que es necesario hacer coincidir las leyes con la realidad, no se trata de tener leyes muy bonitas, casi perfectas desde el punto de vista de la técnica legislativa, o del lenguaje, pero que no se reflejen en el día a día que viven las mujeres.

Existe una, o varias brechas de género, por principio de cuentas, está ampliamente documentado que las mujeres, por el solo hecho de serlo, obtienen un salario menor entre un 12 y un 14% al que obtiene un hombre por desempeñar las mismas tareas.

En el mundo digital solo el 63% de las mujeres tiene acceso a Internet. Según el Inegi en México durante el 2020 la tasa de ocupación de las mujeres económicamente activas era apenas del 34.7%, contra el 71.8% de los hombres y la tendencia a partir del 2021 creció con el Covid-19 y la digitalización y automatización de las empresas, según Moreno y Cuéllar.

Eso en lo tangible, pero hay otros renglones en los cuales la brecha de género se presenta de una forma más sutil, como en los cargos públicos es hasta hace muy poco tiempo que se establece la paridad de género, y aunque en los cargos de elección popular la ley establece que mujeres y hombres deben ser tratados por igual y tener el mismo número de candidaturas a esos puestos, la realidad es que los partidos políticos aún se las ingenian para no cumplir exactamente con la norma, aunque sí con la letra de la ley.

En otras palabras, a las mujeres aún les cuesta más acceder a puestos de relevancia en lo referente a los que se obtienen por elección, insistimos, esto recientemente empieza a cambiar, gracias a las presiones ejercidas precisamente por los movimientos feministas.

Además habría que voltear a ver los cargos públicos a los que se accede por nombramiento, al analizar este rubro nos daremos cuenta de que no hay equidad y cuando existe por el número de funcionarios nombrados pertenecientes a cada sexo, habría que analizar la libertad que las mujeres tienen para ejercer las funciones inherentes a su cargo.

Existen, por otra parte, situaciones en las cuales los derechos de las mujeres aún no han sido reconocidos y esa falta de reconocimiento genera violencia, es el caso de la igualdad de género en la pareja.

La violencia contra las mujeres es tal y de tan variadas formas, que se ha hecho necesario legislar casi de forma casuística, como el caso de las agresiones con ácido, la violencia vicaria y el feminicidio. Esto es, ha sido necesario legislar con perspectiva de género cuando, en caso de que los derechos de la mujer se respetaran culturalmente, no habría necesidad de ello.

La mujer debe ser libre de todas las formas de discriminación porque ello es fundamental para el logro de los derechos humanos, la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible.

No vivimos en un mundo ideal, sino en uno imperfecto. Mas por imperfecto que sea, no podemos cruzarnos de brazos y aceptar “usos y costumbres” que violenten a la mujer, es cierto que hay una cultura que viene de lejos que prioriza los derechos del hombre por sobre el de ellas.

Que así haya ocurrido no significa que sea correcto que ello siga ocurriendo. No habremos evolucionado como sociedad en el caso que así suceda.

Es momento de cambiar la cultura, y asumir compromisos de largo aliento por el bien de la propia sociedad ya que, en caso de ejercer las mujeres su capacidad en pleno, seguramente enriquecerían, no solo en lo cultural, sino en lo material, a la humanidad.

Foto de Samantha Pantoja Tomada de Wikipedia

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