Roel Guajardo Cantú / Epicentro Informativo
11, septiembre, 2023
Una de las características de la Nueva Escuela Mexicana, NEM, consiste en que se pondrá en marcha en todos los grados educativos de la educación básica, es decir, de lo que conocemos como primaria y secundaria, inclusive eliminando la denominación de grados y generando las nuevas fases que se componen del equivalente a dos ciclos escolares.
Podemos decir que la NEM hace tabula rasa de todo lo anterior y comienza desde cero, y es ahí donde queremos analizar una situación que también, el día de ayer en su artículo de Excelsior, aborda de manera tangencial Carlos Ornelas, (10/09/2023), y acerca del cual nos gustaría detenernos un poco: el rezago en los aprendizajes.
Hay que diferenciar el rezago educativo en su aspecto sistémico, lo que tiene que ver con matrícula, deserción, cobertura, sistemas didácticos y otros aspectos de carácter general e inherentes al sistema, del rezago en los aprendizajes, que tiene que ver con la forma en que los alumnos han asimilado o no los contenidos educativos.
El primero requiere de un esfuerzo presupuestal, organizativo y de diseño de distintas tareas, entre otras de obras de infraestructura educativa, que tienen que ver con el sistema en general, en tanto que nosotros nos referiremos al trabajo en el aula y sus resultados.
Desde el punto de vista de las evaluaciones obtenidas en pruebas estandarizadas, como PISA, el aprovechamiento en Lengua, Matemáticas y Ciencias no era aceptable ya desde hace años, la última de 2017, dejaba mucho que desear, a grado tal que nos ubicamos como uno de los sistemas educativos con peores resultados de la OCDE.
Pero, independientemente de ese factor, la pandemia del COVID-19 vino a representar un grave problema para el sistema educativo, diseñado para ser presencial, el cual tuvo que reconvertirse en un sistema a distancia, en este se mezclaron clases por TV y vía internet utilizando aplicaciones como Zoom y otras plataformas.
Como era de esperarse, los resultados no fueron para nada iguales al sistema presencial, el cual de por sí presentaba falencias, incluso según la página Statista, dedicada a la recopilación de estadísticas en todo el mundo, señala que en nuestro país desertaron un poco más de 2.5 millones de estudiantes de los niveles de preescolar a educación media superior, en tanto que más de 300 mil lo hicieron en la educación superior.
Por su parte, INEGI nos presenta un panorama todavía peor al analizar las diferencias de matrícula entre los ciclos escolares 2019-2020 y 2020-2021: el instituto nos dice hay “5.2 millones de personas entre los 3 y 29 años de no inscritos… en el ciclo escolar 20/21 (esto) corresponde a la suma de dos causas: por motivo asociado a la COVID-19, y el otro por causa de falta de dinero o recursos. De esta la población, aquella No inscrita por motivo de la COVID-19 o por falta de recursos en el nuevo ciclo escolar y que sí lo estuvo en el correspondiente al 2019-2020 fue de 1.8 millones de personas”. (Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación <ECOVID-ED> 2020). https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/ecovided/2020/doc/ecovid_ed_2020_nota_tecnica.pdf
De por sí esos datos ya serían preocupantes y un tema a tratar para la NEM, pero aunado a esa deserción sucedió que el aprovechamiento escolar no fue necesariamente medido, ya que las escuelas, por disposición de la SEP, según el acuerdo secretarial N°12/06/20 tuvieron que asumir que los alumnos debían pasar de grado escolar al no existir las condiciones para que sus logros académicos fueran evaluados.
Precisamente esta situación propició que se hablara de una especie de “pase automático” e inclusive de que los maestros no podían “reprobar” a ningún alumno, fuese como fuese su desempeño académico.
El caso es que se generó una zona opaca en la cual no se pudieron conocer los impactos que tuvo el cierre de escuelas en los aprendizajes de los alumnos, peor aún, el impacto que pudo haber tenido el cambio de modelo de proceso educativo al pasar de presencial a otro a distancia.
Todavía hoy, cuando ya todas las escuelas volvieron al trabajo presencial, no se tiene claro qué paso durante el tiempo, casi dos ciclos escolares, en que estuvieron cerradas las escuelas y los alumnos lejos de las aulas tomando clases vía internet en el mejor de los casos, en tanto que en el peor lo hacían vía TV o simplemente desertaban, como ya vimos en los números presentados anteriormente. No se tiene claridad porque con el cambio de la nueva titular de la SEP, a los directivos y docentes no se les compartieron los resultados obtenidos en la “Evaluación diagnóstica del aprendizaje de las y los alumnos de educación básica 2022-2023” realizada por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), donde un 40% de los alumnos registra algún grado de rezago en lectura, el 65% en matemáticas y en tercero de secundaria un 70% de los alumnos padece rezagos de algún tipo en sus aprendizajes.
El caso es que, como bien lo dice Paulo Freire, uno de los pedagogos en que se fundamenta la NEM, el alumno no llega como una tabula rasa, sino que tiene saberes que ha aprendido fuera de la escuela y que deben ser tomados en cuenta por esta al momento de trabajar con él, en este caso también se debe asumir que los alumnos traen consigo saberes de su paso por la escuela, obviamente nos referimos a todos los que han cursado algún grado escolar.
Parece que hoy la NEM hace tabula rasa de todas las experiencias de los alumnos del sistema educativo mexicano, principalmente en la educación básica ya que como hemos señalado antes, en la EMS se iniciaría semestre a semestre, y en la EB propone iniciar como si hoy fuese el primer día de su educación, sin saber en dónde se encuentra en estos momentos el alumnos, dando la espalda a la propia evaluación formativa que propone la NEM.
Consideramos que este proceder se puede convertir en un grave problema, ya que al no saber de dónde se parte, no se puede conocer los avances de los alumnos, no es un buen inicio para nadie.
Quizá la evaluación formativa, utilizada como diagnóstico específico de cada escuela, debería ser el mejor inicio de esta nueva etapa en la educación mexicana.
