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Roel Guajardo Cantú / Epicentro Informativo

06, octubre, 2023

La vida, nos dicen desde los filósofos griegos como Heráclito, hasta los futurólogos como Alvin Toffler, por no hablar de los tecnólogos como Peter Diamandis, es cambio, transformación, gracias al intelecto humano que siempre está buscando avanzar, mejorar y crear, al menos cuando es libre.

Se cambia de religión, de posición política, de amigos, de compañeros y, casi en plan de broma, pero no tanto, los comentaristas deportivos aseguran que de lo único que no se vale cambiar es de equipo, de camiseta cuando se habla de futbol, de ahí en fuera, es bienvenido el cambio… cuando es para bien. Así es la dialéctica, nada permanece estático.

De hecho, dos estudiosos de la ciencia política como Denis Jeambar e Yves Roucaute publicaron en 1997 el libro “Elogio de la traición: sobre el arte de gobernar por medio de la negación” en el cual señalan que si bien es loable que el gobernante viva con apego a un código de ética, la realidad lo llevará casi necesariamente a incumplir sus promesas, a dar la espalda a algunas o a todas sus posturas anteriores, a sus compañeros de aventuras partidistas, incluso a sus votantes. En pocas palabras, no es raro por ejemplo, cambiar de partido político, de bancada legislativa o de signo ideológico, si ello le permite al individuo mantenerse en el escenario del poder. La historia del siglo XXI en México está plagada de ejemplos de este tipo y si antes estos no existían, se debió a la presencia de un partido hegemónico, casi único en el país.

Consideramos necesario subrayar que no realizaremos una crítica acerca de quienes han decidido cambiar de una organización política a otra, sino señalar algunos de los problemas que enfrentan en sus nuevas organizaciones y la forma en que generalmente tratan de resolver tales problemáticas, así como del peligro que representan algunos conversos para estos partidos y sus dirigentes.

Morena es el partido que tiene mayor migración, que recibe un mayor número de militantes de distintos signos políticos y por tanto es el que más riesgo corre, ya que la fe principal de la mayoría de los nuevos “conversos” se fundamenta en cuestiones de índole pragmática, para ellos lo principal consiste en “no pelearse con el futuro” o con el poder, sin importar si se comulga con la nueva fe.

En principio, quienes ya estaban en la organización a la que llegan los “conversos”, llamémosles así, los ven con recelo puesto que pueden llegar a ocupar puestos o candidaturas que ellos consideran merecer, pero esto no solo sucede en organizaciones políticas, en empresas y hasta en países sucede lo mismo, veamos por ejemplo lo que pasa en Estados Unidos con algunos mexicanos que emigraron y ahora apoyan a políticos antiinmigrantes debido a que piensan que las nuevas oleadas de inmigrantes, los pueden desplazar, quitar sus puestos de trabajo, también los nativos piensan más o menos lo mismo, de ahí el éxito de políticos como Trump y tantos republicanos que hacen campaña utilizando una retórica antiinmigrante.

Obviamente quienes ya estaban ahí se quejan y le hacen la vida imposible a los recién llegados, véase lo que está sucediendo en estos días con Omar García Harfuch en CDMX como un ejemplo claro de este fenómeno. Los originarios de Morena, de la izquierda en general, lo consideran un advenedizo que debería formarse en la fila para acceder a un puesto de capital importancia como es la jefatura de Gobierno de CDMX, detrás de militantes de prosapia como Clara Brugada u otros.

El caso de García Harfuch no es un ejemplo típico ya que él no deseaba hacer carrera política, pero las circunstancias lo orillaron a ello, sin embargo su respuesta sí es la típica de quienes llegan a una nueva organización: declararse fieles seguidores de sus superiores y abrazar la fe con mayor fuerza que los demás, de ahí que a cada pregunta que se le hace contesta, invariablemente, que seguirá los pasos de Claudia Sheinbaum y de AMLO, en ese orden.

Eso es básicamente lo normal a la hora de llegar a un “barrio” que no es el tuyo, te apegas lo más posible a las reglas mientras le entiendes a la dinámica que se presenta en la realidad.

Hay, sin embargo, otro tipo de “converso” el que va en busca de acomodarse en un puesto, de mejorar el que ya tiene o legitimarlo, también quienes buscan blindarse, recibir las “aguas bautismales en su nueva fe” para que sus “pecados”, o “fortunas inexplicables” dejen de perseguirlos y este tipo de converso se vuelve, para continuar con el símil, “más papista que el Papa”.

Estos “conversos” que van más allá de la fe, que se asumen “más papistas que el Papa”, pretendiendo agradar y convencer son los que representan un peligro para Morena, y en específico para Claudia Sheinbaum, pues en lugar de sumar y multiplicar, estos restan, dividen y polarizan porque no tienen noción de los tiempos y les gana la prisa por ser vistos y aceptados para avanzar en sus propósitos.

En todas partes hay quien tiene éxito y alcanza los objetivos que busca, también hay quienes fracasan, pero a estos lo peor que les pasa es que son dejados de lado y ya nadie se acuerda de ellos, lo cual es excelente cuando tienen muchos pecados por redimir.

No todos pueden ser Saulo de Tarso, quien no solo se convirtió al cristianismo después de ser su perseguidor, fue tal su cambio que extendió la fe a todo el mundo conocido en ese entonces, haciendo universal un credo que muchos consideraban local y restringido a algunos judíos.

Hay muchos que se quedan en la medianía que les permite disfrutar lo habido y otros que, desde la oscuridad, esperan la próxima ola para ver si esta es “la buena”.

La fe de los “conversos” en ocasiones no es fe y estos no lo son tampoco, pero sirve para muchos fines y por ello deben dar muestras públicas y notorias de que en realidad han abrazado su nuevo credo, los que se exceden son los que representan un peligro para el triunfo del proyecto.

En fin, “Cosas veredes, Cid, que farán fablar las piedras”.

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