Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 09, junio, 2023
Hemos insistido en distintas ocasiones en el hecho de que la educación constituye uno de los factores más importantes cuando hablamos del nearshoring, además de la infraestructura física necesaria para las distintas empresas.
Consideramos que en la medida en que las empresas encuentren talento formado que responda a sus necesidades traerán a nuestro estado, y a cualquier otro que cumpla con estas condiciones, los empleos bien pagados que permitirán un aumento en la calidad de vida de los trabajadores.
No es solo una opinión nuestra, analistas como Jorge Zepeda Patterson, a quien hemos citado en varias ocasiones, afirman que en tanto no se repliquen condiciones como las existentes en el área metropolitana de Monterrey, Guadalajara o el Bajío, la brecha de calidad de vida en el país seguirá creciendo debido a que las empresas preferirán instalarse donde haya condiciones para su desarrollo.
Autores como Andrés Oppenheimer han señalado que en un proceso de acelerado cambio tecnológico, como el que vive el mundo productivo, la capacitación resulta fundamental para salir adelante, el título de uno de sus libros es por demás elocuente “Sálvese quien pueda”, es decir, el que sepa.
Debido a la estructura de las instituciones educativas, los cambios en estas son lentos y el resultado es que los alumnos generalmente salen preparados para un mundo que ya no existe, su obsolescencia inicia antes que su vida económicamente activa.
El miércoles pasado, durante una conferencia de prensa, el presidente de Caintra, Máximo Vedoya, aseguró que el 85% de las empresas de Nuevo León tiene problemas para cubrir sus puestos de trabajo o integrar sus plantillas de trabajadores.
Literalmente dijo “lo que está pasando es que por un lado las empresas no consiguen la cantidad de técnicos suficientes y por otro hay una gran cantidad de jóvenes que no estamos capacitando para que puedan acceder a estos empleos, que son mucho mejor remunerados, son empleos formales, que les dan a los jóvenes una carrera para seguir desarrollándose y poder crecer”.
Máximo Vedoya sabe de lo que está hablando, lidera una de las empresas globales más importantes en el ramo acerero: Ternium, la mayor empresa acerera latinoamericana y principal exportador en lo que respecta a productos terminados.
Él creó la escuela preparatoria técnica Roberto Rocca, en Pesquería, Nuevo León, invirtiendo más de 30 millones de dólares en el proceso para formar a sus profesionales técnicos que requiere Ternium y otras empresas, firmó acuerdos por casi 2 millones de dólares con Conalep y Cecyte para apoyarlos con equipos y capacitación, impulsó el proyecto Gen Tecnológico Roberto Rocca mediante el cual se apoya a instituciones educativas en distintos proyectos, en diferentes estados de la República donde Ternium tiene presencia, es un visionario de la vinculación escuela-empresa, como en su momento lo fue Don Eugenio Garza Sada quien creó el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey para formar a los profesionales que requerían las empresas del grupo Monterrey.
Las instituciones educativas harían bien en procesar el mensaje, un mensaje coincidente con el que hemos señalado en distintas oportunidades: la educación resulta fundamental para la mejora de la calidad de vida de las personas.
Sin embargo, y esto hay que subrayarlo, no podemos hablar de cualquier educación, sino de una educación en la cual se forme para el futuro que llega cada día más rápido, que se acelera casi podríamos decir que en horas y no para un mundo que quedó atrás el siglo pasado, como afirma Peter Diamandis “el futuro va más rápido de lo que crees”.
Por ello las instituciones educativas de todos los niveles deben establecer convenios y alianzas con las empresas, para conocer la realidad actual del mundo laboral, para permitir que sus maestros y alumnos estén en contacto con lo más actual del mundo productivo.
Los jóvenes de hoy no se enfrentarán a una realidad que avanza con pasos cansinos, sino a otra en la cual quien no se actualice, será dejado atrás, pasará a ser irrelevante en el mundo laboral, los jóvenes, como lo advierte Yuval Noah Harari, habrán de reinventarse varias veces en su vida, la carrera que estudien les servirá si acaso para enfrentar sus primeros años laborales, por lo cual deberán someterse a un ejercicio de constante aprendizaje, como lo señalamos en el libro “Los jóvenes y el empleo. El futuro que les espera”. (Roel Guajardo, Juan Palacios, 2021).
Las instituciones educativas no solo deben preparar técnicamente a sus alumnos, sino también en el largamente acariciado sueño de enseñarlos a aprender a aprender, a que tengan un pensamiento que en su momento Piaget calificó de “reversible”, es decir, que sean capaces de entender la forma en que aprendieron algo para que sean capaces de volver a transitar por ese camino y no que el aprendizaje se pierda en lo específico del momento.
Pero además deben preparar a los jóvenes en lo que hoy se llama “habilidades blandas” o “soft skills”, que son aquellas como la resiliencia, el trabajo en equipo y la habilidad para “vender sus proyectos”.
No es, con todo, una tarea fácil para las instituciones educativas, se requiere de una formación específica para sus líderes, como lo señalamos en nuestro libro “El director como líder de proyecto”,(Roel Guajardo, 2022) ya que así como grandes empresas no serían lo que son sin líderes como Bill Gates, Steve Jobs, Elon Musk o Jeff Bezos, las escuelas tampoco pueden alcanzar su potencial sin directores que lideren su trabajo y sean el motor de este.
Máximo Vedoya tiene razón, parece que hay una falta de vinculación y comunicación permanente entre los sectores productivo y educativo, como si cada uno de ellos caminara por su lado sin importar lo que uno y otro hace.
Es tiempo de que eso cambie, de que las instituciones de educación técnica y las universidades se acerquen a las empresas, que apuesten por la creación de tramos académicos que respondan a las necesidades del mundo productivo, así como también que la empresa se acerque a la academia, es por el bien de ambos, así como por el de los jóvenes y sus familias que se verían beneficiados al ser capaces de encontrar mejores condiciones de vida gracias a empleos en los cuales reciban un salario digno y posibilidades de crecer, tanto horizontal como verticalmente.
Es todo un reto, pero hay que afrontarlo ya, porque educación y trabajo es una alineación necesaria.
