Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 01, mayo, 2023
Milán Kundera, en su novela “La inmortalidad”, (1988), reflexiona acerca de cómo las personas solemos confundir deseos con derechos, análisis parecido al que realizara años después Moisés Naím, (2019), al estudiar el retroceso en las condiciones de vida en Latinoamérica luego de un boom promovido por las compras chinas de materias primas.
Al parecer, según van pasando los años, las nuevas generaciones olvidan lo que costó llegar a un cierto nivel de vida de la población, se va considerando como “natural” la existencia de diferentes derechos, de determinadas condiciones sociales, sin entender que todo estado social es una construcción humana y que estas construcciones no tienen una teleología.
Nos parece que ese podría ser el caso de las relaciones que se establecen entre trabajo y educación, se confunde una situación que se ha logrado gracias a un proceso histórico, con un deber ser que se quiere imponer como si fuese una ley natural. Y es probable que eso esté por cambiar y no necesariamente para mejorar.
La realidad es que ha existido un avance más o menos sostenido en la mejora de las condiciones laborales, que van desde la explotación y el vasallaje de que eran objeto los campesinos hace unos siglos, pasando por las condiciones laborales de los obreros a inicios de la primera Revolución Industrial, hasta las condiciones actuales, eso es indudable.
Sin embargo, también es cierto que esa mejora no ha estado exenta de retrocesos, de excepciones y no ha sido necesariamente aplicable en todo el mundo, aún hay lugares en los cuales las condiciones laborales no son, ni de cerca, las que se supone deberían existir. En pocas palabras, no existe ese “Telos” que en ocasiones se piensa.
De alguna u otra manera, los trabajadores fueron ganando espacios gracias a que eran necesarios, a que se requería de su participación en los procesos económicos para obtener ganancias y, apalancados en esa necesidad, fueron ganando terreno.
Como decíamos líneas arriba, esa situación podría estar por cambiar y no necesariamente para mejorar. Como ya lo había advertido Viviane Forrester en el último tercio del siglo pasado, puede llegar el momento en que los trabajadores ya no sean necesarios, ni siquiera, lo señala ella desde una visión marxista, para ser explotados, es decir, resultan innecesarios, o casi, en los procesos productivos en los cuales las máquinas comienzan a sustituir no solo la fuerza de los trabajadores, sino también algunos de los procesos intelectuales de estos. Sobre todo ahora que estamos entrando de lleno a la era de la Inteligencia Artificial, del aprendizaje profundo que comienza a dar resultados.
Si Forrester vislumbró esa posibilidad de que los trabajadores resultasen innecesarios en algún momento, el historiador Yuval Noah Harari lo ha confirmado en sus obras y el investigador y periodista, Andrés Oppenheimer, lo reafirma con una frase digna de los últimos minutos del Titanic que es a la vez el título de uno de sus libros, “Sálvese quien pueda”.
Harari nos alerta de como millones de seres humanos pueden pasar a formar parte de lo que él llama “la clase irrelevante”, algo a lo que ya nos hemos referido con anterioridad en nuestro libro “Los jóvenes y el empleo. El futuro que les espera” (Guajardo y Palacios, 2021), ello en el momento en que sus saberes y su saber hacer, sean innecesarios ante la irrupción de máquinas o Inteligencias Artificiales que los suplanten.
Oppenheimer nos muestra en su libro, cuyo título lo dice todo, cómo ya está sucediendo esta sustitución de hombres por máquinas.
Hay quienes, como Macario Schettino, aseguran que los empleos que se están perdiendo en distintas áreas, no volverán, que en todo caso se deberá buscar otro tipo de labores, entendiendo que el trabajo asalariado forma parte de un momento histórico que se encuentra en sus momentos finales.
Resulta más o menos claro que ese fin de era, de la cual se habla no se presentará mañana, quizá ni en los próximos 50 años, pero lo que es un hecho, es que hacia esa dirección nos dirigimos, ¿cuáles serán las características de ese nuevo mundo laboral? No lo sabemos.
No obstante de algo sí estamos ciertos, en este interregno la educación jugará un papel por demás importante. De ella dependerá que los seres humanos puedan, como lo señala Harari, hacer equipo con las máquinas, por lo menos en los primeros tiempos de la Inteligencia Artificial, en caso de que las personas no alcancen niveles de educación avanzada, difícilmente se mantendrán a la par de los avances que se están presentando día tras día en el mundo laboral. Por ello es por lo que no podemos decir simplemente “Carpe Diem”.
Pero, y esto también hay que subrayarlo, la educación tal y como la conocemos se encuentra a su vez en un momento de cambio profundo, las instituciones educativas y universidades, que otorgan un certificado de estudios o título para ingresar al mundo laboral, hoy tienen la obligación de ofrecer a sus usuarios, los estudiantes, un saber hacer, un saber pensar y un saber ser, certificado por instituciones nacionales e internacionales.
Al no tener la historia una deontología, un deber ser, hay que construir el futuro, desde hoy y, consideramos, el primer paso consiste en entender que el mundo social en el que vivimos es construcción nuestra y de nuestros antepasados, que no llegamos a donde estamos porque así debía ser, sino porque así se construyó una realidad social.
Al entender esto, quizá podamos comprender que el futuro se está construyendo hoy y que la educación, la inteligencia artificial y el mundo laboral, forman parte de la misma ecuación.
Hoy celebramos el día internacional del trabajo, el festejo se presenta porque se alcanzaron determinadas conquistas laborales, pero en ocasiones se olvida el costo que tuvieron las mismas, quizá sea momento de recordarlo y de no confundir, a la usanza del personaje de Kundera, deseos con derechos.
Felicitaciones y reconocimiento a todos los trabajadores de Nuevo León, de México y del Mundo.

Felicitaciones a todos los trabajadores hoy en su día y por mejores condiciones de vida para tod@s.