Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 12, junio, 2023
Alejandro Moreno, quien realiza las encuestas para El Financiero, nos ofreció una serie de reflexiones en torno a estas, por ejemplo nos dice que hay una serie de “auto profecías incumplidas. La narrativa política atribuye a las encuestas causalidades que no están del todo comprobadas pero que terminan creyéndose y luego decepcionando a quienes las creen. (Los políticos y analistas) primero arman una narrativa de encuestas y luego las critican como culpables de sus auto profecías incumplidas”.
Nos dice Moreno que a las encuestas se les han atribuido una serie de “virtudes” que no tienen y luego, quienes les atribuyeron tales, se sienten desilusionados, incluso señala que “Aunque hoy en día las encuestas se usan como herramientas políticas para seleccionar candidaturas (la encuestocracia) y como propaganda política (la encuestodemia), no hay que olvidar que son un gran instrumento científico para generar conocimiento”.
En pocas palabras y citando a un clásico “las encuestas sirven para lo que sirven y no sirven para lo que no sirven”.
Viene al tema este llamado a la reflexión porque hace días el presidente López Obrador, conociendo las experiencias en la elección del Lic. Peña Nieto 2012 y de la maestra Delfina Gómez 2023, donde las encuestas los colocaban arriba con más de 30 y 20 puntos respectivamente y que no se dieron, decidió ajustar el método de selección para generar la confianza de los participantes, permitiendo que cada uno de ellos propusiera una casa encuestadora con miras a la convención de Morena que se llevó a cabo ayer y en cuyos resultados precisamente se establece esta propuesta.
Una de las cuestiones que habrá que resolver en torno a esta forma de decidir al(a) candidato(a) de este partido, tiene que ver con el tipo de pregunta o preguntas que se hará para ello.
Hay precandidatos que consideran que solo debería haber una pregunta en la encuesta ¿Quién debe ser el sucesor del presidente López Obrador? nada más, nada menos.
Otros consideran que no solo esa pregunta resulta pertinente, ya que, señalan, debería preguntarse también acerca de quién consideran que llevará adelante la obra del presidente López Obrador, es decir, la 4T.
Precisamente este punto es el que pudiera ser un motivo de ruptura o de discusión profunda hacia el interior de Morena, porque de alguna forma todos y cada uno de los precandidatos se considera a sí mismo EL continuador de la obra de AMLO.
Quienes ven en Claudia Sheinbaum “a la alumna, a la hija” política de Andrés Manuel no sienten que haya alguien más representativo que ella para continuar con la transformación del país, aunque ellos quizá ni siquiera constituyan la fracción mayoritaria de ese partido, sí son la más visible y presente en los medios de comunicación y las redes sociales.
Aquellos que apoyan al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, ven en él al negociador nombrado directamente por el presidente para realizar aquellos trabajos que requieren de la mano de alguien que concilia intereses, posiciones, que sepa realmente lo que quiere el mandatario y necesita el país.
En este sentido, los adanistas creen que, en el papel de secretario de Gobernación, Adán Augusto es quien representa y ejecuta las órdenes del primer mandatario y, por ende, quien mejor entiende y conoce lo que este cree y piensa que es necesario para avanzar en la 4T. Además les preocupa que si Adán Augusto no ganara la contienda interna, se interpretaría igual a que la militancia de Morena no le tenga confianza a su líder AMLO y al segundo hombre de su gabinete.
Por su parte, quienes siguen a Marcelo Ebrard, lo consideran un hombre del círculo de confianza del presidente porque le ha encomendado solucionar casi todas aquellas situaciones potencialmente perturbadoras para el gobierno, al menos hasta antes de la llegada de Adán Augusto al gabinete.
Por lo demás, Ebrard es percibido como un outsider dentro de la 4T, alguien que se incorporó tardíamente al movimiento, aunque haya estado junto a AMLO durante muchos años.
De Ricardo Monreal no se puede decir que haya sido hechura ni de Morena ni del presidente, es un político que tiene una carrera propia, que se enfrentó al PRI en su momento y ganó una gubernatura apoyado por el PRD.
En las actuales condiciones pocas oportunidades se le ven, de hecho él apostaba más por una elección abierta que por una encuesta, tiene una mala experiencia al respecto cuando aspiraba a gobernar CDMX y quedó en cuarto lugar. No es del equipo cercano al presidente.
Algunos analistas consideran que la forma en que el presidente “resolvió” la sucesión puede considerarse una genialidad, eso de que el segundo en la encuesta encabezaría la Cámara de Senadores, el tercero la Cámara de Diputados y el cuarto un puesto en el gabinete del futuro presidente parece una buena opción hasta que se ve despacio esa ecuación.
¿A qué presidente le va a gustar tener a dos de sus contrincantes, a dos de quienes aspiraron ocupar la Silla del Águila, como líderes del Congreso? Creo que hasta ingenuo para los porristas resultaría el calificativo de genial, de hecho los perdedores, sabiendo su destino, ¿qué incentivo tendrían para trabajar en la campaña de el o la ganadora de la encuesta?
La realidad es que todo este tipo de procesos deja heridas y el ganador es quien debe tener la mano izquierda necesaria para curarlas, para conciliar y conservar la unidad interna que es, por el momento, lo que más le preocupa al presidente AMLO y debería de ser lo mismo para la nomenklatura de Morena.
Por último, hay quienes dicen que en política no se hereda a los hermanos sino a los hijos, en nuestra política ha sido así, pero realmente ¿quién es el hijo o la hija de AMLO políticamente hablando?, todos los reflectores en ese sentido apuntan hacia Sheinbaum, porque Andrés Manuel la ha llevado de la mano, pero olvidan que lo mismo ha sucedido con Adán Augusto a quien le pidió que dejara el gobierno de Tabasco, lo nombró por encima de todos como el segundo hombre en el poder del país y posteriormente el mismo AMLO lo metió en el juego de la sucesión.
Los que no caben en esta definición son Marcelo y Monreal, por eso hay que leer mejor al presidente.
