Roel Guajardo Cantú / Epicentro Informativo
En distintas ocasiones hemos abordado el tema de la violencia que se presenta entre los jóvenes estudiantes de educación básica y media superior porque es preocupante el incremento de ella.
Escenas que nos hacen reflexionar acerca de las causas por las cuales dicha violencia se presenta casi cotidianamente en las aulas de clases, en los patios de la escuela o en calles adyacentes a las instituciones educativas y circulan en las redes sociales.
Aquí no hay género o sexo que se salve, por igual, niños y niñas, jóvenes de ambos sexos, aparecen en videos enfrentándose como en ello les fuera la vida y hay algunos casos en lo que eso casi es verdad.
Hemos señalado que las autoridades educativas, principal aunque no exclusivamente, deberían abordar el problema de forma sistemática, mediante programas de prevención de la violencia, de promoción de valores y de prevención del consumo de drogas.
Es por lo que nos llama la atención, y celebramos, la propuesta del diputado local Héctor García en el sentido de promover la cultura de la paz y la mediación como forma de solucionar todo tipo de conflictos que entre estudiantes y jóvenes se presenten.
El legislador señala también que su propuesta busca modificar la Ley Estatal de Educación y dar facultades a los maestros para que, en caso de ser testigos de algún hecho de violencia entre estudiantes, puedan hacer la denuncia ante las autoridades correspondientes.
Si bien nos parece que es loable que los legisladores, como es el caso de Héctor García, analicen los problemas que se presentan en la comunidad y, conforme al ámbito de acción y competencia que les es propio, realicen propuestas y acciones en favor de la sociedad en su conjunto, consideramos que las autoridades del ramo son las que deberían tomar cartas directas en el asunto.
En la actualidad, la educación para la paz no es una opción más, sino una necesidad que toda institución educativa debe asumir, es una oportunidad para educar en valores.
En caso de que las autoridades educativas, que son las que viven o están inmersos en el problema, consideraran la necesidad de contar con un marco legal en el cual fundamentar sus acciones, entonces deberían recurrir a los legisladores que han expresado su preocupación por el tema, como el diputado Héctor García, Ricardo Canavati, Nancy Olguín, Heriberto Treviño y Consuelo Gálvez, por mencionar algunos.
Porque, dada la inmediatez del tema, lo que requiere la sociedad en este momento son acciones contundentes y directas por parte de las autoridades educativas, programas que se enfoquen en aquellos sectores donde se han presentado de forma más notoria y recurrente este tipo de problemas.
Con la tecnología actual, y quizá con el apoyo de las autoridades de seguridad, no resulta difícil georreferenciar tales problemas y delimitar los sectores en los cuales sea más rentable incursionar.
Claro que realizar ese tipo de intervención que podríamos llamar de “emergencia”, no significa que solamente ahí se enfocarían los programas, sino que se podría también clasificar las sectores en rangos de necesidades de intervención, en otras palabras, se podría establecer un semáforo de violencia entre jóvenes que permita focalizar el área y la situación con programas que requieren distintos niveles de intervención.
Porque consideramos también que no se puede lanzar un solo tipo de programa para todo el estado o la zona metropolitana, ya que las problemáticas que se presentan en distintos sectores manifiestan particularidades que no pueden ser dejadas de lado.
¡Qué bueno que nuestros legisladores se están preocupando ya por el problemas!, se agradece que estén al tanto de lo que sucede en la comunidad que representan, pero consideramos que son las autoridades educativas las que deben actuar ante la situación emergente.
No es posible hacer como que no pasa nada, como que todo se encuentra bajo control, que los protocolos y reglamentos se aplican y ya está, sobre todo cuando la realidad nos restriega en la cara que algo está sucediendo, que los jóvenes nos están diciendo entre golpes y gritos, que una realidad emergente está asomando su rostro en el estado.
Debemos actuar como sociedad antes de que el problema se nos escape de las manos. Como hemos señalado antes: Vivir una cultura de paz es el camino.

Este tema es fundamental en nuestros días, ya que muchas autoridades fomentan la división y el conflicto equivocadamente, por lo que felicito la actitud valiente de personas como Roel Guajardo Cantu y este medio. Mis felicitaciones y continúen incentivando los valores y las buenas costumbres entre los ciudadanos de este país.
Urge la materia de la cultura de paz,en todas las instituciones educativas del país, esta problemática ya nos rebasó.