Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 26, junio, 2023
La ola de calor por la que estamos atravesando no solo en Nuevo León, sino en todo México, puso dramáticamente al descubierto algo que se sabe desde hace mucho tiempo, una parte de las escuelas del país, incluyendo a las de nuestro estado, no cuenta con la infraestructura adecuada para enfrentar las inclemencias del clima, sea este frío o calor.
En el caso de esta tercera ola de calor, así fue identificada en los medios de comunicación y los especialistas, se vio de manera clara que no solo faltaban abanicos, aires lavados o aparatos de aire acondicionado en las instituciones educativas, sino servicios básicos como agua, electricidad o ambos.
Un problema al cual se dedicaron miles de millones de pesos durante gobiernos anteriores pero que al parecer no fueron suficientes.
Para atender este sentido tema, el gobernador tuvo que ofrecer una respuesta a la crisis, una respuesta también de emergencia, lo cual nos hace reflexionar acerca de los objetivos que se busca alcanzar con esa solución, independientemente de si esta es buena o no, pero buscando impactar negativamente lo menos posible en los propósitos educativos, aunque eso se tendría que evaluar en los aprendizajes alcanzados por los alumnos, pero lo otro tiene que ver con distintos aspectos de la educación en el largo plazo.
La primera opción que se visualiza es que al no existir una infraestructura adecuada y extendida a toda la población educativa y al no preverla, siempre se va a tener que estar tomando decisiones improvisadas y al calor de los acontecimientos, sean climáticos o de otra índole.
El cambio climático se expresa no solo en episodios de calor extremo, sino también de frío y abundante agua, es decir, se presenta mediante condiciones extremas de todo tipo, de ahí que nos preguntemos si en el futuro las clases se van también a interrumpir cuando el frío sea extremo, o cuando las lluvias sean también muy superiores a los promedios esperados.
El caso es que parece que a diferencia de lo que sucede en áreas de movilidad, de atracción de capitales y algunas otras, en educación, por lo menos en lo referente a las áreas de infraestructura, no se conoce un plan concreto que nos haga pensar que este tipo de decisiones improvisadas serán cada vez menos frecuentes.
Quizá el gobernador debería dar a conocer el proyecto de largo plazo para atacar este problema y generar una campaña de concientización al respecto, así como lo hace con el cuidado del agua.
Hay otra posibilidad que quizá el gobernador Samuel García y su equipo deberían explorar, por una parte, la geografía es un hecho definitivo, vivimos en una región en la cual año tras año se presentan olas de calor, eso no se puede cambiar, pero quizá haya alternativas.
Hace algunos años los calendarios escolares terminaban precisamente antes de la etapa más extrema del calor que se presenta en la región y en casi todo el noreste del país.
Así que quizá el gobernador debería negociar con las autoridades federales para que se modificara el calendario acorde a las condiciones climatológicas de la región, distintas a las de otras regiones.
Hay que recordar que el calendario de 200 días se estableció haciendo una equivalencia de que a mayor número de días de clases, mayor aprovechamiento, lo cual no necesariamente ha resultado cierto, al menos nunca se estableció que hubiera ocurrido así cuando se aplicaba la prueba PISA.
Junto a esa posible modificación del calendario se pueda establecer un proceso de capacitación serio, amplio que permita a los maestros trabajar de una manera intensiva, aprovechando los programas sintéticos y desarrollando los programas analíticos de forma tal que el número de días sea más o menos irrelevante y le demos la importancia que corresponde a la capacitación docente, dosificación y desarrollo de contenidos.
Sobre todo ahora que iniciamos con un nuevo paradigma en la educación nacional, vía la Nueva Escuela Mexicana, NEM, que exigirá de los maestros unos saberes y unas capacidades que hasta ahora no les ha demandado el sistema educativo.
En resumen, se trata por un lado de atender las necesidades de largo plazo, infraestructura y capacitación magisterial y por otro, al mismo tiempo, tomar medidas coyunturales que no impacten negativamente en el aprendizaje escolarizado.
Así como en su momento se modificó el calendario para ampliarlo y se propusieron contenidos y campañas de muy diversos temas que no necesariamente correspondían a la escuela, así se puede volver a modificar y destacar aquellos saberes más importantes.
Como un resultado concomitante, lograríamos sacar de la demanda de energía eléctrica de Nuevo León a las escuelas que durante los meses de julio y agosto no estarían consumiendo electricidad pues serían los meses de receso o vacaciones escolares.
Tal como los economistas aseguran que “no hay comida gratis”, así nosotros podemos decir que no hay soluciones simples, se trata de responder a la realidad geográfica, educativa, de infraestructura, que se presenta actualmente, con acciones de distinto calado y alcances que nos permita salir adelante mejorando la calidad educativa que ha caracterizado a Nuevo León.
Se trata, como dice Nassim Nicholas Taleb, de ser Antifrágiles.

Excelente comentario, ojalá y llegue a oídos del Gobernador y se hagan los ajustes correspondientes al calendario escolar.