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Roel Guajardo Cantú

Epicentro Informativo / 21, julio, 2023

El presidente López Obrador ha insistido en ser el factótum del país, en el sentido coloquial del término, no solo en lo político, sino en lo social, económico y hasta en lo religioso, por no hablar de lo científico y la moral, de todo habla, en todo pone reglas y asume que su opinión es la verdadera.

Trazó la estrategia de la sucesión 2024 de Morena y de la Oposición política que hay en el país, al adelantar el proceso sucesorio para además, de distraer la atención de la población de los problemas centrales de la República, fijar la agenda política, tomar la iniciativa, ganar terreno y posicionar a los aspirantes que él mismo seleccionó. Aceleró con ello el movimiento de los partidos políticos y organizaciones ciudadanas que se aglutinan en el Frente Amplio por México.

Al interior de Morena ha dictado todas las reglas que deben seguir los aspirantes a sucederlo, así como también los “premios de consolación” para quienes no consigan esa importante nominación. Determinó los temas a tratar y las líneas para la transformación constitucional del próximo sexenio, dejando con ello poco o nulo margen a los aspirantes para definir su personalidad, camisa de fuerza que los limita y los manda a un plano irrelevante, de repetir los logros del líder de la 4T; de alguna u otra forma, ha establecido que el próximo presidente de México, en caso de ganar Morena las elecciones, será una especie de copia de él mismo. La continuidad de la 4T.

El caso es que debido a todo lo anterior, el proceso interno de Morena ha sido desplazado de los medios de comunicación por otros temas, en los cuales el principal personaje es precisamente el presidente López Obrador.

También ha intentado establecer las reglas mediante las cuales la oposición participe en el proceso electoral y en algún sentido lo ha logrado, gracias a sus intervenciones, hoy la conversación pública centra su atención en una precandidata de la oposición: Xóchitl Gálvez, quien se ha posicionado casi como la candidata natural, no tanto por sus propias acciones, sino por la atención que desde Palacio Nacional le ha prestado el presidente.

Las arremetidas, agresiones o denostaciones que desde el púlpito de las mañaneras ha enderezado contra la opositora y contestataria, Xóchitl Gálvez no solo la han catapultado dentro y fuera del país, la han blindado constituyéndose en un serio problema para la sucesión adelantada, una embestida que el analista José Antonio Crespo ha calificado como un nuevo desafuero político.

AMLO está intentando imponer, con cierto éxito, la narrativa de que una especie de fraude se está presentando en el proceso del Frente Amplio por México, ya que desde su perspectiva, se está engañando al pueblo al intentar “vender” la imagen de una persona, una empresaria millonaria, como si esta fuera de origen humilde, indígena, cuando en realidad es una representante de la oligarquía que, nos dice el presidente, se ha dedicado a saquear al país durante los últimos 30 años. Xóchitl está blindada y el mensaje no llega más allá de los militantes duros de Morena.

El problema consiste en que al constituirse AMLO en el centro de la vida pública y privada del país, lo ha hecho no sin pasar por encima de algunas leyes, de insistir que la “justicia”, definida como aquello que él considera justo, y la ley no son lo mismo y siempre habrá que optar por la primera, con lo cual genera tensiones con el Poder Judicial, que ha tenido que enfrentar presiones de todo tipo, así como ataques directos no solo del presidente, sino de aquellos que se consideran una especie de guardia pretoriana o brazo armado suyo.

Ha generado también roces, algunos de ellos importantes, con el Legislativo, ya que nunca ha aceptado negociar nada de aquellas propuestas de reformas legales que ha enviado a ese poder, y cuando no le ha alcanzado la mayoría, ha recurrido a intentar modificar de facto la Constitución a través de la modificación de leyes secundarias. Redundando en las tensiones que se acumulan con el Poder Judicial.

Este Poder, a través del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF, ha estado interviniendo una y otra vez para intentar frenar las abiertas violaciones a las leyes electorales que realizan ambos bandos, amparados en una serie de artimañas que violan el espíritu de ellas, aparentando respetarlas utilizando la forma para esto.

Ejemplo de ello es la reciente prohibición al presidente, por parte del Instituto Nacional Electoral, de referirse desde la mañanera a Xóchitl Gálvez. Medida cautelar inédita e histórica en contra de un presidente de México, como la denomina el abogado Claudio de la Llata y ahora se crea una sección diaria llamada “No lo digo yo”, en la cual, presentando videos de otras personas y comentando tales videos, continúa haciendo lo mismo, pero amparado en que no son sus expresiones, sino las de otros personajes lo que presenta.

En virtud de los magros resultados obtenidos hasta el momento, el presidente AMLO tiene la opción de variar la estrategia, dejar en libertad el proceso político electoral, soltar las ataduras de las corcholatas, cambiar de caballo, aunque sea a mitad de río, porque también los vientos que soplan del sur son buenos y concentrarse en los asuntos del país, en la gobernanza.

Todo lo anterior nos lleva a pensar en que, de no cambiar la estrategia presidencial, los resultados electorales si la participación ciudadana el día D, (2 de junio de 2024), es ampliamente copiosa, los de la otra cancha lo pueden festejar, si no es así, acabarán las cosas en tribunales, con los consiguientes riesgos de conflictos graves que pueden llevar a una situación caótica al país.

Consideramos que la experiencia y visión del presidente harán lo conducente, cambiar de estrategia si no se desea llegar a una ruptura institucional, esperamos lo mejor para México.

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