Roel Guajardo Cantú
Epicentro Informativo / 10, abril, 2023
Tanto Yuval Noah Harari como Viviane Forrester, coinciden en que puede presentarse un fenómeno que la segunda califica como un “horror económico” y el primero como la irrupción de una “clase irrelevante” en la sociedad, una clase sin poder, sin ingresos y sin futuro. Ambos se refieren a que, como se presenta la realidad, en algún momento una parte de la población perderá importancia en todo sentido.
Ni siquiera, dice Forrester, serán susceptibles de explotación, en tanto que según Harari, no serán relevantes ni política ni económicamente. No es un futuro muy halagüeño el que nos dibujan ambos en el horizonte para las nuevas generaciones.
El problema es que parece que estamos en el umbral de ese futuro que Forrester nos dibujó hace más de 40 años y Harari hace poco. Tal parece que como lo señala Peter Diamandis en el título de uno de sus libros, “El futuro va más rápido de lo que crees”.
En México a pesar de que la población joven representaba en 2020, según el INEGI, más del 30% del total de los 126 millones de habitantes, este importante segmento no cuenta ni siquiera con la seguridad de que podrá encontrar un empleo, mucho menos de que podrá contar con ese empleo durante su vida productiva, sino que es casi una certeza que habrá de transformarse una y otra vez, de reconvertirse, solo para poder mantenerse vigentes en el mundo laboral; reinventarse a lo largo de su vida.
Así lo hemos analizado en nuestro libro “Los jóvenes y el empleo. El futuro que les espera”, (Roel Guajardo y Juan Palacios. 2021), en el cual intentamos mostrar cómo los trabajos que hoy se encuentran disponibles no lo estarán en el futuro cercano y los jóvenes habrán de cambiar su perfil para mantener un lugar en el ámbito laboral o habrán de construir el suyo propio.
Pero hay algo que es cierto aquí y ahora: ya no tienen la expectativa de una jubilación no digamos más o menos digna, sino de una jubilación segura. Hoy los jóvenes deben aportar para su jubilación a través de una cuenta individual, SAR, en la cual ahorrarán para tener algún ingreso a la hora del retiro. Sin embargo, si tenemos en cuenta que gran parte de la economía es informal y una gran cantidad de empleos se presentan en ella, lo más seguro es que no haya aportaciones y en los casos en que sí las haya, serán tan magras, que la jubilación alcanzará para menos de un tercio del salario y solo para unos cuantos años.
En otras palabras, estos jóvenes se están perfilando ya para pertenecer a esa clase irrelevante que no solo no tendrá un peso específico en lo económico, tampoco lo tendrá en lo político según Harari.
Por nuestra parte consideramos que esto puede cambiar si desde hoy los jóvenes comienzan a interesarse por participar en la construcción de su futuro. Hoy son un grupo poblacional importante, con más de 40 millones de personas, que puede cambiar la historia en la medida en que se organice, pero hoy, antes de que pasen a ser irrelevante, que carezca de fuerza o de atractivo para que las autoridades de todos los niveles de gobierno, el Congreso federal y los partidos políticos se interesen por su futuro.
El Sistema de Ahorro para el -Retiro, que tiene 26 años de vigencia y ha probado para quienes lo adoptaron voluntariamente y para quienes se incorporaron a la vida laboral después del 97 a este sistema de pensiones, que no garantiza una seguridad económica para el resto de su vida y tendrá una existencia de sálvese quién pueda como dice Oppenheimer a propósito de la automatización de los puestos de trabajo.
Por eso, nuestros jóvenes en México deberían aprovechar este momento para hacer sentir su peso político, el que se verá en las elecciones de 2024, en virtud de que el 91% de ese sector cuenta con teléfono fijo o celular y 35.3 millones de ellos usan internet para estar conectados y comunicarse con el mundo, fortaleza que no tiene otro segmento de la población.
Los partidos políticos y las autoridades pueden aprovechar este momento para impulsar una reforma que evite la precarización de las nuevas generaciones, tanto hoy como en su futuro. Es cierto que pueden tener un costo económico y político para el país, pero si no se atiende esta situación, puede tener un alto y doloroso costo social.
Así que este puede ser el momento de los jóvenes, la ventana de oportunidad que quizá deban aprovechar para vivir una vida digna, después puede ser demasiado tarde.

Momentos difíciles les va tocar vivir a los jóvenes,al momento de retirarse de la vida laboral,por lo que es importante ponerse las pilas para que esta carga sea más ligera,